lunes, 6 de octubre de 2014
EL DORADO
EL DORADO
La historia del dorado sigue siendo una leyenda fantástica para miles de personas de todo el mundo, sin embargo, ésta se convierte en realidad al conocer la historia de los relatos sobre una gran ceremonia, en la cual eran arrojados fabulosos tesoros en una laguna cercana a Bogotá.
El mito de “El Dorado” empezó en la conquista, cuando en 1536 se decía que en la laguna de Guatavita situada a las afueras de la capital del Reino de Nueva Granada, se llevaban a cabo ceremonias en noches de luna llena, en las que el Cacique se untaba completamente en miel de abejas y resina de árboles para posteriormente ser cubierto con polvo de oro, luego subía a una balsa y se internaba hasta el medio de la laguna donde hacía sacrificios y ofrendas de oro y esmeraldas, para luego bañarse en las aguas y dejar en ellas el oro en polvo que cubría su cuerpo.
El oro los muiscas lo utilizaban para acercarse a sus dioses.
Basada en un hecho cierto, según se ha podido comprobar al estudiar las costumbres de los muiscas, la leyenda del indio dorado fue divulgada por los conquistadores, se extendió por el norte de América Meridional, descendió al Perú, y de allí pasó, algunos años más tarde, al Río de la Plata; pero no tardó en asimilar nuevos y fabulosos elementos que la desvirtuaron totalmente. Cuando la historia del hombre dorado, llegó a Europa, el Rey Felipe II ordenó y patrocinó varias expediciones para rescatar el tesoro de los muiscas, hasta el punto de ordenar el drenaje de la laguna.
El éxito de las primeras expediciones, atrajo otros buscadores de oro que sin embargo no tuvieron los mismos resultados, por lo que las búsquedas fueron abandonadas a causa de los altos costos y las escasas riquezas que lograron encontrarse. Poco a poco los expedicionarios empezaron a agotarse. En 1911, se logró desaguar de manera parcial la laguna y obtuvieron algunas piezas de cerámica y muy pocos artículos de oro.
Hoy en día se encuentran en el centro de la capital colombiana, en el Museo del Oro. El gran mito de El Dorado, se puede apreciar en este recinto que presenta una impresionante colección que ha creado el Banco de la República, desde 1939, en el que se puede visitar la Balsa Muisca, que representa el rito de El Dorado en una hermosa figurilla de oro.
Colombia
EL GUANDO:
Las apariciones de este macabro espectáculo en la mayoría de las veces conmueve, no sólo por creer que en realidad llevan al difunto por ir los familiares acompañándolo, sino por el murmullo coral del rezo del Rosario y el Réquien por su alma.
Hace muchícimos años vivía un hombre muy avaro, incivil, terco y malgeniado, que no le gustaba hacer obras de caridad, ni se compadecía de las desgracias de su prójimo. Los pobres del campo acudían a él a implorar ayuda para sepultar a algún vecino, pero contestaba que él no tenía obligación con nadie y que tampoco iba a cargar un mortecino. Que les advertía, que cuando él se muriese, lo echaran al río o lo botaran a un zanjón donde los gallinazos cargaran con él.
Por fin se murió el desalmado, solo y sin consuelo de una oración. Los vecinos que eran de buen corazón, se reunieron y aportaron los gastos del entierro. Construyeron la camilla y cuando lo fueron a levantar casi no pueden por el peso tan extremado. Convinieron en hacer relevos cada cuadra, a fin de no fatigarse durante el largo camino al pueblo. Al pasar el puente de madera, sobre el río, su peso aumentó considerablemente, se les zafó de las manos y el golpe sobre la madera fue tan fuerte que partió el puente y el muerto cayó a las enfurecidas aguas que se lo tragaron en un instante.
Al momento los hombres acompañantes bajaron a la corriente y buscaron detenidamente pero no lo hallaron ni a él ni al andamio. Lo que sí ha quedado por el mundo es su aparición fantasmagórica que atormenta a los vivos, haciendo estremecer al más valiente con el ruido de los lazos sobre la madera en un continuo y rechinante "chiqui, chiqui, chiquicha...".
Sus apariciones más seguras se verifican en la víspera de los difuntos, o sea en las fiestas de las Animas; en los lugares aledaños a los cementerios, causando gran pavor a la tétrica procesión, portando sus acompañantes coronas, cirios y rezando en voz alta: de vez en cuando se oye una voz cavernosa e imperativa que dice: "meta el hombro compañero"
Leyendas Colombianas - Mitos y Leyendas de Colombia
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